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60 p. ; 22 x 15 cm. rústica / Poesia / 1a ed., Rosario. CGeditorial; Santa Fe: Los juegos de Temps, 2026.
ISBN 9789875976337
Estas notas buscan dar un punto de vista absolutamente personal, no guiar en la lectura de «A menudo nos disparan». Ni siquiera consensuar con el lector. Mejor disentir para abrir la querella: este es un poema/debate, su recompensa, ser discutido.
Es que este texto respondió con mayor acierto a una convocatoria activa, la que se logró con solidaridad y compromiso sin renegar de la denuncia. Eso fue el libro «43 por Ayotzinapa» (Fondo Editor Cooperativo «Los Juegos del Temps» – 2015), en el que este trabajo fue publicado por primera vez.
Yendo al puro contenido, esta poderosa elegía inicia con un disparo –símbolo de tantos otros– que se multiplica idéntico en la historia latinoamericana, porque el dedo que gatilla y la carne que recibe la bala siempre son los mismos.
De arranque nomás tendremos indicios del clima, con omnipresencia del espacio material.
Llama la atención la precisa convocatoria a un único diminutivo, pero usado con tal habilidad que mueve conciencia.
La sed, con un protagonismo físico, abarca también el alma.
La erudición es herramienta de moldeo, manifiesta en un vocabulario de múltiples y diferentes –pero complementarios– tipos del sociolecto (sobresale el vocabulario que señala tópicos, no usuales en poesía, de la anatomía humana). También la delicada dramaturgia, a partir de imágenes visuales: «sólo eres un ojo cavidad que se llora para abajo / y que mira lo que no puede ver».
Sergio Gioacchini propone la trama de un relato poético, que inicia por el nudo, y luego va y viene por la línea temporal. Es recurrente, como ordenador cronológico, el caminar arrastrando una pierna baleada (la izquierda: no es casual).
Evita las concesiones, en todo caso abre una puerta, la de la revancha, y cuando habla de amor lo hace «reventando de ira y de extrañamiento».
El manejo de la primera persona del plural consigue ser una forma directa de involucramiento («porque ya no somos 43 / nunca lo fuimos / el 44, ahora, desde que lo gritamos nosotros / el 44 son todos ustedes»), no sólo en la obra de arte, que lo es, sino en lo que la rebasa: la ética de la convocatoria, la clara ideología, la cancelación del oprobio a partir de la declaración: «ahora te quiero de pie / quiero escuchar tu agonía de dolor por mí / por mis hermanos / Porque nosotros, los sepultados / seguimos gritando Ayotzinapa Ayotzinapa Ayotzinapa…»
No quiero concluir sin una específica cita ajena, sin embargo propia, porque venimos hablando de involucramiento. Gioacchini forja con este poema la instancia tan bien descrita por Jorge Boccanera en su alegato Marimba, cuando declara: «no canto porque sí / yo busco un mundo otro / Yo no enumero la cristalería / quiero hacerla pedazos.» Sergio Ferreira
A menudo nos disparan - 43 x Ayotzinapa // Sergio Gioacchini
60 p. ; 22 x 15 cm. rústica / Poesia / 1a ed., Rosario. CGeditorial; Santa Fe: Los juegos de Temps, 2026.
ISBN 9789875976337
Estas notas buscan dar un punto de vista absolutamente personal, no guiar en la lectura de «A menudo nos disparan». Ni siquiera consensuar con el lector. Mejor disentir para abrir la querella: este es un poema/debate, su recompensa, ser discutido.
Es que este texto respondió con mayor acierto a una convocatoria activa, la que se logró con solidaridad y compromiso sin renegar de la denuncia. Eso fue el libro «43 por Ayotzinapa» (Fondo Editor Cooperativo «Los Juegos del Temps» – 2015), en el que este trabajo fue publicado por primera vez.
Yendo al puro contenido, esta poderosa elegía inicia con un disparo –símbolo de tantos otros– que se multiplica idéntico en la historia latinoamericana, porque el dedo que gatilla y la carne que recibe la bala siempre son los mismos.
De arranque nomás tendremos indicios del clima, con omnipresencia del espacio material.
Llama la atención la precisa convocatoria a un único diminutivo, pero usado con tal habilidad que mueve conciencia.
La sed, con un protagonismo físico, abarca también el alma.
La erudición es herramienta de moldeo, manifiesta en un vocabulario de múltiples y diferentes –pero complementarios– tipos del sociolecto (sobresale el vocabulario que señala tópicos, no usuales en poesía, de la anatomía humana). También la delicada dramaturgia, a partir de imágenes visuales: «sólo eres un ojo cavidad que se llora para abajo / y que mira lo que no puede ver».
Sergio Gioacchini propone la trama de un relato poético, que inicia por el nudo, y luego va y viene por la línea temporal. Es recurrente, como ordenador cronológico, el caminar arrastrando una pierna baleada (la izquierda: no es casual).
Evita las concesiones, en todo caso abre una puerta, la de la revancha, y cuando habla de amor lo hace «reventando de ira y de extrañamiento».
El manejo de la primera persona del plural consigue ser una forma directa de involucramiento («porque ya no somos 43 / nunca lo fuimos / el 44, ahora, desde que lo gritamos nosotros / el 44 son todos ustedes»), no sólo en la obra de arte, que lo es, sino en lo que la rebasa: la ética de la convocatoria, la clara ideología, la cancelación del oprobio a partir de la declaración: «ahora te quiero de pie / quiero escuchar tu agonía de dolor por mí / por mis hermanos / Porque nosotros, los sepultados / seguimos gritando Ayotzinapa Ayotzinapa Ayotzinapa…»
No quiero concluir sin una específica cita ajena, sin embargo propia, porque venimos hablando de involucramiento. Gioacchini forja con este poema la instancia tan bien descrita por Jorge Boccanera en su alegato Marimba, cuando declara: «no canto porque sí / yo busco un mundo otro / Yo no enumero la cristalería / quiero hacerla pedazos.» Sergio Ferreira
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